El Olvido Es Adaptativo; Los Recuerdos Se Distribuyen Temporalmente El cerebro no evolucionó para evitar el olvido, y el recuerdo perfecto sería catastrófico. Tanto en la normalidad como en la enfermedad, algunos eventos se olvidan y otros persisten. Los recuerdos recientes dependen de sistemas de almacenamiento, mientras que los recuerdos remotos están dispersos en múltiples regiones del cerebro. El Alzheimer a menudo destruye estos sistemas de almacenamiento, produciendo un síndrome amnésico con profunda dificultad para aprender y recuperar nueva información, mientras que los recuerdos de la infancia pueden sobrevivir en las primeras etapas porque residen en otro lugar. Este gradiente temporal de almacenamiento explica por qué algunos recuerdos permanecen mientras que otros se desvanecen.
Cuando 'Olvidar' No Es Olvidar: Aprendizaje y Acceso Muchas experiencias que afirmamos haber olvidado nunca fueron aprendidas en primer lugar. Olvidar presupone un aprendizaje previo, y el aprendizaje en sí mismo requiere condiciones específicas que pueden no haberse cumplido. Cuando ocurrió el aprendizaje, la pérdida aparente puede reflejar una falla de acceso en lugar de un borrado. Algunas memorias son fácilmente accesibles, mientras que otras son más difíciles de acceder.
La Emoción Marca los Recuerdos como Imborrables para la Supervivencia Las experiencias entrelazadas con fuertes emociones se vuelven inolvidables, ya que el contexto y el sentimiento cohabitan para grabarlas en la memoria, como los ataques a las Torres Gemelas, los atentados de Madrid, una primera cita o una primera canción compartida. A través de la evolución, la emoción señala a los antiguos sistemas cerebrales que un evento es vital para la supervivencia, instruyéndolos: esto importa, no lo olvides. Luego, el cerebro maneja dicha información de manera diferente, colocándola en otro lugar, lo que puede surgir en escenas clínicas sorprendentes. Un hombre con parálisis supranuclear progresiva, incapaz de reconocer a su esposa de toda la vida y agobiado por un severo deterioro cognitivo, se relajó ante los boleros de su juventud y le pidió que se casara con él, sabiendo sin saber que ella era la mujer de su vida. Una memoria amorfa pero profundamente emocional perduró cuando los nombres y los episodios no lo hicieron, revelando el intrincado tejido de la memoria y la emoción.